Esta frase no la digo yo, aunque también lo pienso, sino su Santidad, el Papa Benedicto XVI. Lo dijo ayer durante la celebración del tradicional discurso de Navidad a la Curia vaticana, que por si alguien no lo sabe se trata de los cardenales y demás funcionarios eclesiásticos que conforman el gobierno de la Santa Sede.Estas palabras las emitió en su discurso en el que repasaba este año 2010, y en el que resaltó por enésima vez la humillación que han supuesto los casos de pederastia por parte de los sacerdotes, llamó a la penitencia a toda la Iglesia, y agradeció la ayuda a las víctimas pidiendo un inmenso esfuerzo para que no vuelva a ocurrir jamás.
Los abusos por parte de sacerdotes conllevan una gravedad sin límites porque ellos representan al mismísimo Jesucristo, son los Ministros del altísimo, y estos sucesos - que hay que recordar que en su mayoría provienen de años atrás - manchan este dignísmo sacramento, enfangan a la Iglesia de Cristo, salpican de sospecha al resto de presbíteros y por supuesto provocan un daño incalculable en las pobres víctimas, a las que en muchas ocasiones ni siquiera se les dió credibilidad, aumentando su dolor si cabe.
El tema de los abusos, ha sido además, un argumento ruin para atacar a la Iglesia, generalizando, como si tuvieran la culpa el Papa, los cardenales, y los demás sacerdotes de lo que ocurre. Un argumento utilizado por la gente de siempre, que espera agazapada a que ocurran desgracias como las ahora citadas para escudar en ellas sus ataques y odios hacia la Santa Iglesia. El Papa ha condenado y pedido perdón por la pederastia y después exigido responsabilidades ¿que más puede hacer? La pederastia es un espantoso pecado de los hombres y la Iglesia está formada por hombres, por tanto estará llena de grandes pecadores, y no sólo de pederastia, me imagino que habrá ladrones e incluso asesinos. Si cuando la Iglesia eran sólo doce personas uno traicionó a Jesucristo y lo entregó a la muerte, ahora que son millones y millones, habrá traidores por doquier.
Lo que no dice absolutamente nadie es que el 87% de los pederastas son homosexuales, y estos datos no me los invento yo, son el resultado de un estudio - y no sólo hay uno al respecto - de la Dra. Judith.A.Reisman, ex profesora de investigación de la American University y testigo en calidad de experta ante la comisión sobre la pornografía del fiscal general de EEUU. Pederastia y homosexualidad, depravaciones muy relacionadas entre sí, depravaciones que ponen de manifiesto la degeneración a la que puede llegar el ser humano. Y que al afectar al ser humano, en consecuencia, desgraciadamente, afecta a la Iglesia y esto es a lo que quiere poner remedio el Papa y todos los católicos.
FDO: Fernando III el Santo