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jueves, 24 de febrero de 2011

No siempre ha sido así

Hace pocos días el reflejo del fenómeno sociológico de los nuevos tiempos llamó a mi puerta. Viví un suceso muy común en la España actual, la típica conversación entre presa y depredador. Estaba sentado en una marquesina de Plaza de Castilla esperando a un autobús, de pronto se para un indeseable delante de mis narices, el típico cazafortunas perezoso. Pongamos que el que se dirigió a mí, el depredador, es "A", y yo, la presa, soy "B". Pues la conversación fue: A-¡Oye, pijo!; B- (oigo, macarra de mierda) dime; A- ¿Tienes por ahí un cigarro?; B- claro; A- ¿Me lo prestas?; B- porqué no; entonces metí la mano en el bolsillo y saqué un cigarro para el cansado depredador; A- Jucha, no tendrás otro pa' mi primo, que viene ahora; B- tengo, pero no voy regalando cigarros por la calle, lo siento mucho. Olvidándose de lo que le había dicho, cambió de tema: A- tienes una chupa muy guapa; B- Es una americana, no una chupa, pero sí, esta muy guapa; A- Debe ser tó cara; B- Muchísimo, 4 euros en el rastro; A- Ah, pos entonce na...; Y se marcha con esa encorvación de espalda que solo los desamparados tienen el privilegio de lucir.

No vengo a hablar de macarras ni de clases sociales. Es más bien una tendencia social que dice demasiado de la educación familiar y escolar de los españoles. ¿Qué esta pasando con los jóvenes? ¿dónde están sus padres? ¿y sus abuelos?. Es triste, pero la sociedad española se considera egoísta, completamente individualista (que el resto muerdan el polvo, siempre que yo consiga lo que busco), terca y violenta. No quiero hablar de las personas mayores de treinta años porque mi objetivo hoy son los jóvenes.

Los jóvenes son el futuro de España. La juventud es la mejor etapa de la vida, no eres muy culto, prudente o inteligente, pero un joven tiene la iniciativa, la vida más nueva y ágil. Los jóvenes somos los que más nos movemos. Convencer a la juventud es más fácil, todavía no hemos sellado nuestras ideas ni moral. Tenemos millones de conversaciones por delante, de anécdotas apasionantes, de amores imposibles, de conocimiento... pero lo estamos echando todo a perder, tiramos por la borda la infancia, luego perdemos las inquietudes, después nos pasamos el noventa por ciento del tiempo frente a una máquina, con un poder de almacenamiento mucho mayor que el nuestro, y todo para llevar una vida más cómoda. A corto plazo está muy bien la comodidad, pero a largo plazo viene después el egoísmo y convertirte en un ser ajeno a las personas, que son mucho más importantes y enrriquecedoras.

La juventud no ha sido siempre así. Digan lo que digan, había tiempos en que el joven era un loco inquieto con sed de conocimientos, que vivía en armonía con el resto y ayudaba a su prójimo desinteresandamente. Hubo un tiempo en que el hombre existía para el hombre y no para la máquina...

Fdo: Ricardo Corazón de León